
Hoy desperté pensando que ya no te vería, que como una ráfaga te habías alejado. Hoy desperté y vi que la tormenta no cedió, desperté y te busque, te llame y no hable. Prendí la radio y la música no era música, eran como mensajes que alguien lo puso para lastimarme. Tema tras otro me hablaban de ti, del dolor, del amor, de la soledad; te describían tal cual eres, me describían, y costo entenderlo. Apronte el desayuno y sin querer, fue para dos. Vi los informativos buscándote en el rostro de la gente que por la tele iban pasando. Anote mis cuenta y mientras tendía la cama, hacia silencio para no despertarte. Corte una flor del jardín y la deje sobre la mesa, para cuando despiertes, o regreses; me dio miedo de volver y que todavía siguiera ahí. Tome el paraguas y por la calle me aleje poco a poco, sabiendo a donde ir, pensando si volver. Tantos años juntos y tanto tiempo sin vernos, o sin querer verte. Todo pasó tan rápido, y no sé si hoy me aceptaras por lo que soy, no sé si hoy entenderás porque cambie. Fui caminando y pensando como pedir perdón; agachando la cabeza, llorando, mirándote a los ojos, llevándote flores, chocolates, todo fue pasando por mi cabeza mientras el ruido de los charcos salpicaban mi pantalón. Un turno en el trabajo, pidiendo consejos de cómo acercarme a ti.
Al salir, el sol contemplaba mis ideas desde lo más alto, como diciendo ve que yo te doy la luz; el paragua ya guardado bajo mi brazo, un cigarro en la otra mano fue la compañía hasta la reja de entrada de mi casa, de tu lecho. Y me detuve a pensar, sabiendo que todo estaba en juego. Respire, tome coraje, y abrí la puerta. La flor en el mismo lugar y junto a ella, otro cigarro sobre un trozo de papel. Me senté, prendí el cigarro, tome la nota y comprendí que siempre estuviste ahí, como esperando a que abra los ojos, que me saque la venda y vea que no estaba solo. Dormías mientras yo vivía, y despertabas para cuidarme los sueños. Entendí que eras tú la que me insultabas cuando me maltrataba, con la que hablaba cuando pensé hablar solo, la que me hacia reír, cuando se me volcaba el azúcar, o se me quemaba la comida. Siempre estuvimos juntos, y preferí estar, antes que preguntarte.
Se me cayó una lágrima y ya estabas ahí, secándomela. Me pare y tome la flor que ya marchita se acunaba en la mesa, te la quise dar y… entendí. Serré mis ojos y te abrace, y callados quedamos; y callados nos dijimos tanto. Sé que esta noche dormirás mientras yo duermo, se que mañana me acompañaras cuidando mis pasos y como locos riéndonos del mundo iremos.
Entendí que el hombre es hombre, y que no sabe estar solo, alejado de sí mismo, de sus decisiones, de su respeto. Alejado de su confianza, de su carisma, de su orgullo. Entendí que la tormenta no para cuando tu lo quieras, pero puedes aguantar hasta que pase, o disfrutar de ella. Hoy estoy de nuevo con ella, con la que una vez abandone y descuide, hoy el perdón cumplió su parte, hoy nuevamente, quiero a mi vida.
FM