viernes, 13 de marzo de 2009


Nosotros los jóvenes, y no tan jóvenes, que vemos el rencor de la gente que nos cruza, que vemos caminar a nuestro lado un sinfín de horrores, de violentos sujetos que no se muestran.
Nosotros que vemos como niñas recién mujeres, asumen la vida con otra vida. Vemos el tiempo como algo que se nos suma cada día, cuando en sí, cada día es el tiempo que ya no vemos. Y nos vamos quitando pasos, nos vamos envolviendo en miradas perdidas que nos pegan por la espalda. Nosotros que discutimos con nosotros mismos un sinfín de cosas que no nos animamos a mostrar a los demás, algunos seguimos creyendo en una religión, otros lo ven como otro negocio como tantos que hay en casa rincón de este planeta. El deporte, por los que unos cuantos nabos se sienten parte de el mirándolo desde una butaca y peleando por tan solo decir “yo soy hincha”. Alcohol y drogas, la moda más moderna y la manera más fácil de decir “soy rebelde” cuando después no saben cómo salir de esa pieza en la que se encuentran, tan oscura y llena de nada, solo se tienen ellos., para el mundo seguirán siendo anunciados con el dedo y demacrándole sus propias vidas sin ofrecer ayuda...
Los jóvenes. Especie rara que cambia cada día, pero nos marca a todos por igual. Las acepciones? Hijo de buena cuna, padres honrados, trabajadores, ejemplos de la sociedad de un siglo pasado; aparentando ser lo que no son, viviendo en un mundo paralelo a lo que deben ser, levantando la nariz cuando el laburador pasa por delante de él. Burlándose de aquel que por las madrugadas los cruza para ir a trabajar para poder llevar un pan a la mesa. Jóvenes que se matan cuando agarran una avenida como autopista, o sentenciarle la vida a otro, llorando cuando llega papa a ver como el hijo mato a un ser humano con el auto que el mismo, le dio la llave.
Jóvenes que no se pierden en las calles, que no saben lo que es la violencia en una ciudad, un pueblo, un pais. Jovenes que gastan las miradas leyendo lo que otro como él, escribe en un pedazo de tecnología. Ruidos, animaciones, videos, pornografía; otro vicio que algunos lo ven como “ sano” . “Lo que no hay en internet no existe” , hay tantas cosas que no encuentras tras un monitor.
Donde dejamos los jóvenes el hablar para conocer a alguien, abrir el corazón propio al ajeno a medida que las tardes en companía van mirando cada día con ojos de felicidad. Pararnos a mirar la lluvia, correr como diversión bajo ella, ver los relámpagos y sentir la necesidad de no querer estar solos. Como no caer en una rutina y aprender a hacer cosas diferentes cada día. Donde queda aquello de una carpa y un fogón, una aventura sin “previa organización” .
Vamos perdiendo tanto y tan rápido. Las cartas a mano, escribiendo corrigiendo tachando y pasándolas a limpio para dar una buena impresión. La ansiedad de completar un rollo para ver las fotos y poder ir creando un álbum de nuestros recuerdos. Ya no valoramos tantas cosas. Esta todo al alcance,, consumidores de lo que no somos. Y todo por “comodidad”, “simplicidad” por no querer ser menos y querer tener “lo último”.
Nosotros los jóvenes ya desvaloramos casi todo lo que nos rodea, sin querer hacerlo.

F.M
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